Un año jubilar siempre es año de gracia, pero ¿en qué consiste esta gracia, cómo podemos obtenerla y aprovecharla, y por qué ha decidido el papa Francisco designar este año jubilar de 2025 como «Año Jubilar de la Esperanza»? En este bloque de «Un ancla en la tormenta» con D. Miguel Larrambebere Zabala, vicario general de la diócesis de Pamplona y Tudela (Navarra, España), descubriremos la historia del año jubilar y sus raíces bíblicas, la diferencia entre los jubileos ordinarios y los extraordinarios y la importancia de la virtud de la esperanza, tan carente en la sociedad de hoy en día. Por último, examinaremos la bula convocatoria del papa Francisco para este año jubilar, que concluye con la figura de la Virgen, Madre de la Esperanza, para ver cómo este año nos impulsa a creer de todo corazón que «la esperanza no defrauda» (Romanos 5, 5).
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- Categoría: Año Jubilar de la Esperanza
En este nuevo bloque de «Un ancla en la tormenta», D. Miguel Larrambebere Zabala, vicario general de la diócesis de Pamplona y Tudela (Navarra, España), nos ayuda a profundizar en el significado de este «Año Jubilar de la Esperanza», empezando con los orígenes bíblicos del año jubilar. Comienza por desgranar las características del «yovel», el año jubilar del pueblo de Israel, que tiene lugar cada 50 años. Estas intervenciones divinas a través del año jubilar provocan rupturas con la rutina humana, que adquirirán su plenitud en la novedad radical de Jesucristo, quien hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21, 5). Jesús mismo es nuestro «iubileum» que nos proporciona la verdadera esperanza de salir del pecado y vivir en la nueva vida que Él nos trae.
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En este penúltimo programa de «Un ancla en la tormenta», el Prof. Ricardo Ruiz de la Serna, profesor de Historia del Mundo Actual en CEU San Pablo (Madrid, España) y autor del libro «El genocidio armenio», nos hace esta pregunta: ¿Cómo se termina un genocidio? Veremos los acontecimientos más relevantes que llevaron al final del genocidio, como la batalla de Sardarapat (1918), el incendio de la ciudad de Esmirna (1922) y la integración de la República Democrática de Armenia en la Unión Soviética. Aunque se ha preservado la memoria de la tragedia entre las comunidades armenias, quedan grandes sombras que pesan sobre el genocidio, sobre todo la impunidad de los responsables, la falta de restitución por las pérdidas de la Armenia histórica, y la destrucción del patrimonio cultural —y por tanto, de la memoria del pueblo armenio—. Aunque las prácticas genocidas serán reflejadas en el Holocausto de los judíos poco después, «El genocidio armenio» se distinguirá por los daños sucedidos y nunca recompensados, quedándose así «congelado en el tiempo».
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